Un poco de inocencia para el mundo…
Octubre 8, 2009
sabrina
Sólo dos preocupaciones tenía Sabrina: no pisar la junta de las baldosas en la calle, y conquistar el corazón de Nicolás.
Desde hacía cuatro años, desde la primera vez que lo vio, buscaba todo tipo de excusas para salir al patio y -pisando cuidadosamente- pasar frente al aula del “B”, espiando cada vez, disimuladamente y sin excepciones.
Trataba de llamar su atención en los recreos o a la salida del cole, haciendo coreos complicadas o silbando canciones con onda a todo volumen, pero nunca conseguía más que la mirada admiradora de sus amigas.
Sabrina se pasaba fines de semana enteros planeando estrategias nuevas, ensayando escenas de la tele, pero por alguna razón, su cerebro se paralizaba en cuanto él aparecía, tan perfecto y seductor, tan imposible…
Un día de festejo patrio, después del acto, los grados salieron ordenadamente antes de hora. Sabrina estaba particularmente preocupada ese día porque tenía zapatos nuevos, un número más grandes que los anteriores, y no podía acostumbrarse al nuevo movimiento necesario para evitar la junta de las baldosas. Estaba mirando el piso cuando sintió una mano suave que le tomaba la barbilla y buscaba su mirada. Sabrina no supo qué gesto sería el adecuado cuando vio delante suyo a Nico, a menos de 30 cm, mirándola directo a los ojos.
–Estabas sentada delante mío- dijo Nicolás- y no pude dejar de mirarte en todo el acto, ¿sos nueva en el colegio?.
Sabrina se secó la transpiración de la frente, parpadeó un par de docenas de veces, y se acomodó el mechón de pelo que caía por su frente… y mientras juraba escupir de una vez todo lo que sentía por Nico desde hacía cuatro intensos y largos años, se indignó… “¿nueva?”. Cobarde, introvertida, modesta, le podría haber dicho muchas cosas, ¿pero insultarla con el peso de la insignificancia? “¿Nueeevaaa?” Sabrina tardó un momento en componerse, sólo un momentito, y entonces decidió que Nico… no le gustaba más.
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