sabrina

Sólo dos preocupaciones tenía Sabrina: no pisar la junta de las baldosas en la calle, y conquistar el corazón de Nicolás.

Desde hacía cuatro años, desde la primera vez que lo vio, buscaba todo tipo de excusas para salir al patio y -pisando cuidadosamente- pasar frente al aula del “B”, espiando cada vez, disimuladamente y sin excepciones.

Trataba de llamar su atención en los recreos o a la salida del cole, haciendo coreos complicadas o silbando canciones con onda a todo volumen, pero nunca conseguía más que la mirada admiradora de sus amigas.

Sabrina se pasaba fines de semana enteros planeando estrategias nuevas, ensayando escenas de la tele, pero por alguna razón, su cerebro se paralizaba en cuanto él aparecía, tan perfecto y seductor, tan imposible…

Un día de festejo patrio, después del acto, los grados salieron ordenadamente antes de hora. Sabrina estaba particularmente preocupada ese día porque tenía zapatos nuevos, un número más grandes que los anteriores, y no podía acostumbrarse al nuevo movimiento necesario para evitar la junta de las baldosas. Estaba mirando el piso cuando sintió una mano suave que le tomaba la barbilla y buscaba su mirada. Sabrina no supo qué gesto sería el adecuado cuando vio delante suyo a Nico, a menos de 30 cm, mirándola directo a los ojos.

–Estabas sentada delante mío- dijo Nicolás- y no pude dejar de mirarte en todo el acto, ¿sos nueva en el colegio?.

Sabrina se secó la transpiración de la frente, parpadeó un par de docenas de veces, y se acomodó el mechón de pelo que caía por su frente… y mientras juraba escupir de una vez todo lo que sentía por Nico desde hacía cuatro intensos y largos años, se indignó… “¿nueva?”.  Cobarde, introvertida, modesta, le podría haber dicho muchas cosas, ¿pero insultarla con el peso de la insignificancia? “¿Nueeevaaa?” Sabrina tardó un momento en componerse, sólo un momentito, y entonces decidió que Nico… no le gustaba más.

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No estabas viendo…

Agosto 29, 2008

Sólo quiero que lo leas, y te permitas tu propia interpretación.

No estabas viendo

Y mientras los corceles graznaban de dolor,

vos, amarillo, jurabas hermandad.

No estabas viendo

Y mientras las luciérnagas yacían mutiladas,

vos, perlado, jurabas literatura.

No estabas viendo

Y mientras las acacias agonizaban de azul,

Vos, azul, te volvías arrogante.

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Colores

Julio 10, 2008

Gregor, vos lo pediste…

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COLORES.

Encendido, rojo, furibundo, el mundo dice del maldito infierno. Final sombrío de una historia obscena, lujuria sádica del infractor. Un hueco insano al fondo de todo, sin piedad, sin materia ni recuerdos. Un vigor tormentoso en carmín, triturante, súbito, bestial…

Para mí… no hay infierno más demoledor… que este gris opaco de tu ausencia…

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Con este texto abro este espacio de contención para mí misma y, tal vez, para alguien más, que encuentre en mis palabras un eco a su verdad.

Hoy no te dije.

Hoy no te dije, que estabas hermoso.

Hoy no te lo dije, y el día pasó.

Hoy no te dije que tus ojos negros me vuelven oscura cuando pienso en vos. Que me llueve el alma cada vez que estás, que es difícil verte y no poder mirar.

Que en esta tormenta no puedo ser yo, que busco en tus ojos lo que no es real.

Que quise correr cuando vos llegaste, y sin embargo pude sólo temblar.

Que es iluso y triste enredarme en vos, como si pudiera detener tu andar.

Que no sé qué día apareció este amor. Sólo sé que sufro de un deseo impune, un impulso fresco, un tornado dentro, un intenso ataque de imaginación.

No te dije hoy, lo hermoso que estabas, no te dije nada de esta tempestad.

Y escondí mi aliento, levanté barreras.

No dejé que vieras lo que no mirás.

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